lunes

La Jugada

Mucha gente se amontonaba para ver las últimas jugadas de una partida de ajedrez, que desafiaban dos personas dispuestas a todo.

Las piezas eran pocas, distribuídas de manera estratégica, indicaban que sólo algunas pocas jugadas quedaban para la gran final.
Casi inamovible divise un peón alejado del resto de las piezas, parecía ajeno a la lucha que se sembraba en el tablero, pero allí estaba. Esperando el momento oportuno, el instante final. El sabía que era la pieza más adecuada para ser protagonista de la jugada decisiva que pronto, muy pronto se avecinaría.
Poseía todos los sentidos alertas para enfrentarse a su rival, que imponente dominaba el tablero, pero su ansiedad lo estaba llevando al limite, a punto de desbordar.

Era implacable ante la adversidad, pero se quebró y el miedo le menguo la posibilidad de un jaque sorprendente.Un instante fue lo que determino la jugada.
Había llegado el final y su esfuerzo fue decayendo ante la presencia de la dama y el rey que escoltaba su compañía, se sintió aislado, se preguntaba ¿por qué había llegado él hasta allí?, ¿por qué se encontraba desafiante en un duelo del cual no formaba parte?

Entonces mientras entonaba su último suspiro, que trasmitió como un hálito frío alrededor nuestro, salió a la luz, pisó amenazante y defendió, como el mejor de los soldados a su rey blanco. Pero un jaque fulminante anuncio la muerte de su estrategia

sobre el tablero...gotas de sudor

las piezas cayeron y el alboroto sonó a lo lejos

el murmullo sobrepaso a todos los espectadores.

Mientras tanto él ya se encontraba rendido, con su agonía a cuestas por no haber soportado el peso de aquella jugada. Era consciente de que el final había llegado y aprovechando ese momento dirigió una mirada alrededor de todos nosotros, pero sus ojos se clavaron en el maestro y con la incógnita que dilataban sus pupilas y acechado por la sombra que le robaba los últimos rayos de luz al entrar en el estuche, tímido le pregunto: ¿cuál hubiera sido su misión en ésta partida?