Dotado de hermosura, agraciado por
los dioses, cazador perseverante.
Descollaba entre todos los hombres
de su tiempo, no sólo por su belleza soñada sino también por su fuerza. Se dice
que cuando Orión caminaba por entre las aguas de los mares sus hombros
sobresalían por sobre estás.
Era un ser que arrasaba cuanto
obstáculo se le cruzaba en su camino, sin piedad ni miramientos. Tanta era la
belleza y la fuerza que desplegaba
en cada hazaña que ningún mortal podía igualarlo.
Por esas cualidades que le fueron
obsequiadas, es Diana diosa casta de la caza, como la llamaban en la Tierra,
mientras que en el Cielo su nombre era Luna y en los infiernos Proserpina, que
lo elige para formar parte de su séquito. Ella siempre acompañada de animales
salvajes, mujer fría ante Sol pero por
las noches su luz encandilaba el universo, los cielos se abrían a sus
pies y las estrellas encandilaban hasta la ceguera, si alguien osaba poner los
ojos en Luna. Ella iluminaba con genio las prolongadas vigilias de luchas y victorias que
Orión desplegaba y es así que se convierte en su protectora encomendándole
tremendas proezas.
Admirado, elogiado, envidiado por
todo mortal… su suerte parecía nunca acabarse.
Sin embargo en estas historias de
epopeyas la suerte se agota y el mortal más fuerte y osado cae en su propio
ego, pues la vanidad termina por tragarlo.
Sus ínfulas aumentaban cada día mas,
se jactaba que no había monstruo alguno en la Tierra que no pudiese dominar, ni
los más feroces animales, ni tigres, panteras o leones eran capaces de
producirle espanto alguno.
Su vanidad fue su ruina y la Tierra
se sintió desafiada al ver tanto envanecimiento, encargándose con audacia e
inteligencia de concluir su vehemente viaje.
¿Cómo lo hizo? Mandó un simple
escorpión que con una pequeña mordedura le causó la muerte.
Diana abatida, desconsolada por la
muerte de su más intrépido cazador irrumpió en un llanto inagotable, aumentando
los caudales de mares y océanos. Hasta que ya agotada decidió tenerlo por
siempre a su lado en las noches y lo transportó al Cielo, colocándolo entre los
astros más importantes del universo.
Hoy Orión una de las más brillantes constelaciones del firmamento resplandece junto a Luna, hasta el fin de los tiempos.
FIN.



