jueves

ORIÓN...ENTRE LA VANIDAD Y LA SOBERBIA


Dotado de hermosura, agraciado por los dioses, cazador perseverante.

Descollaba entre todos los hombres de su tiempo, no sólo por su belleza soñada sino también por su fuerza. Se dice que cuando Orión caminaba por entre las aguas de los mares sus hombros sobresalían por sobre estás.

Era un ser que arrasaba cuanto obstáculo se le cruzaba en su camino, sin piedad ni miramientos. Tanta era  la  belleza y la  fuerza que desplegaba en cada hazaña que ningún mortal podía igualarlo.

Por esas cualidades que le fueron obsequiadas, es Diana diosa casta de la caza, como la llamaban en la Tierra, mientras que en el Cielo su nombre era Luna y en los infiernos Proserpina, que lo elige para formar parte de su séquito. Ella siempre acompañada de animales salvajes, mujer fría ante Sol pero por  las noches su luz encandilaba el universo, los cielos se abrían a sus pies y las estrellas encandilaban hasta la ceguera, si alguien osaba poner los ojos en Luna.   Ella  iluminaba con genio  las  prolongadas vigilias de luchas y victorias que Orión desplegaba y es así que se convierte en su protectora encomendándole tremendas proezas.

Admirado, elogiado, envidiado por todo mortal… su suerte parecía nunca acabarse.

Sin embargo en estas historias de epopeyas la suerte se agota y el mortal más fuerte y osado cae en su propio ego, pues la vanidad termina por tragarlo.

Sus ínfulas aumentaban cada día mas, se jactaba que no había monstruo alguno en la Tierra que no pudiese dominar, ni los más feroces animales, ni tigres, panteras o leones eran capaces de producirle espanto alguno.

Su vanidad fue su ruina y la Tierra se sintió desafiada al ver tanto envanecimiento, encargándose con audacia e inteligencia de concluir su vehemente viaje.

¿Cómo lo hizo? Mandó un simple escorpión que con una pequeña mordedura le causó la muerte.

Diana abatida, desconsolada por la muerte de su más intrépido cazador irrumpió en un llanto inagotable, aumentando los caudales de mares y océanos. Hasta que ya agotada decidió tenerlo por siempre a su lado en las noches y lo transportó al Cielo, colocándolo entre los astros más importantes del universo.


Hoy Orión una de las más brillantes constelaciones del firmamento resplandece junto a Luna, hasta el fin de los tiempos.


FIN.

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