Una mente clara, predictiva
Que mire a través de los ojos
Los movimientos del corazón,
Su palpitar impaciente.
Que comprenda el estallido
De unas manos ásperas
Y que pueda envolverlas
Con un paño de seda.
Y calmarlas, rozarlas
Hasta sentirlas tibias
Nuevamente
Cerca de su rostro.
Entonces
La mente se anoticiará
De la singular tibieza
Llevándolas hacia el corazón,
Posándolas allí, dónde descansa,
Donde palpita.
Allí donde se acelera
Cuando se tienen
Frente a frente.
Ahora no hay mente
Porque ya cumplió su cometido.
Sólo queda un paño de seda
Llevado por sus manos
A los ojos de ella,
Para que no vea lo que
Su mente predijo
Y solo se guíe
a través de su ser
A veces vulnerable
Otras veces altivo.
Dispuesto a equivocarse
Cuando se encuentren
En la profundidad del alma,
O no.