Oculta tras mi mirada
Escondo el secreto
De tu piel,
Observo tu silueta
Más no te puedo oler.
En noches de insomnio
Me deleito con tu
Figura poética
En mi memoria
Que conservo latente
Como el mar a las rocas
Como tu risa a las notas
De un eterno compás.
¡Estás prohibido y lo sé!
Pero intuyo que el deseo
Se atina
Sin poderlo controlar.
Quiero vivir éste momento
Aunque desdicha
traiga al final.
No quiero irme
Sin probar tus encantos,
Sin oler tu piel
¡Qué Dios perdone lo que siento!
Más yo nunca me lo perdonaré.
Te desafío
A que confundas mi cuerpo
Con la más deliciosa fruta.
Te desafío
A calar la pulpa
Para tus labios
Luego saborear.
Quiero que dure
En tu boca
Este exquisito deleite.
Pero sobre la humedad
De tus besos
Quiero caminar
y sobre tu piel,
con mis manos,
un camino de seda dibujar.
Así arderá con tu fuego
Mi aliento.
Sólo así
me podrás tener
sólo así
fuera del amor.
Aunque fingir
no pueda.
Algo de lo que pasa por mis ojos, de lo que mis oídos escuchan, de lo que mi piel roza, de lo que mi olfato intuye y mi alma siente...Algo de Todo queda como una huella en una hoja... Cualquier similitud con la realidad es pura, pura coincidencia. Todo los escritos propios se encuentran reservados bajo la propiedad de los derechos de autor.
lunes
viernes
Euforia
En la euforia
Lo sobrenatural
y lo terreno.
Bajaste de las nubes
me arrastraste
a la locura.
Como una bestia
Entre tus garras
me oprimiste,
secuestrándome
te sumergiste
en las tumbas
de mi alma.
Como un corcel
que desata su rumbo,
en un suspiro,
cabalgaste por los surcos
de la noche…
camino a mi destino.
Apartados de la vida
Aterrizamos en el abismo
de las ruinas.
Dónde las esfinges observan
la perversidad
con la que el hombre
Se nutre y se alimenta,
víctima del egoísmo
y de la pasión.
Lo sobrenatural
y lo terreno.
Bajaste de las nubes
me arrastraste
a la locura.
Como una bestia
Entre tus garras
me oprimiste,
secuestrándome
te sumergiste
en las tumbas
de mi alma.
Como un corcel
que desata su rumbo,
en un suspiro,
cabalgaste por los surcos
de la noche…
camino a mi destino.
Apartados de la vida
Aterrizamos en el abismo
de las ruinas.
Dónde las esfinges observan
la perversidad
con la que el hombre
Se nutre y se alimenta,
víctima del egoísmo
y de la pasión.
Reflejo
En el reflejo de un espejo
Se esparcen rabiosas mentiras
Engendradas en un abuso mediocre
en una hipocresía
Afectada por el más grande desconsuelo.
Nos redimimos
Emitiendo lágrimas de desahogo
Como bálsamo de la aflicción,
Descansando sobre un pedestal
Imaginario o volando
Sobre una nube de acero.
Cometemos el absurdo
Más grande de la historia
Mientras que el reflejo
Se hace cada vez
Más rústico y sincero.
Sin alarmarnos
Nos remitimos
a las contradicciones
Propias de la vida
Que sustancialmente difieren
Con el Principio Contradictorio
Del Poeta.
Se esparcen rabiosas mentiras
Engendradas en un abuso mediocre
en una hipocresía
Afectada por el más grande desconsuelo.
Nos redimimos
Emitiendo lágrimas de desahogo
Como bálsamo de la aflicción,
Descansando sobre un pedestal
Imaginario o volando
Sobre una nube de acero.
Cometemos el absurdo
Más grande de la historia
Mientras que el reflejo
Se hace cada vez
Más rústico y sincero.
Sin alarmarnos
Nos remitimos
a las contradicciones
Propias de la vida
Que sustancialmente difieren
Con el Principio Contradictorio
Del Poeta.
sábado
Como viento en la cornisa
Cómo viento en la cornisa
Mi interior se desliza
Por un incógnito abismo,
Buscando una respuesta
Solución a una ironía
Latente en la conciencia
De una profunda agonía.
Llave de un misterio
Que aún no puedo develar
Pensamientos profundos
Que no puedo terminar
Incertidumbre morbosa
Que me aleja de la realidad
Y sin querer me acosa
Provocándome a pensar
Cuan alejada estoy del mundo
Y que tan cerca estoy
de la soledad.
Mi interior se desliza
Por un incógnito abismo,
Buscando una respuesta
Solución a una ironía
Latente en la conciencia
De una profunda agonía.
Llave de un misterio
Que aún no puedo develar
Pensamientos profundos
Que no puedo terminar
Incertidumbre morbosa
Que me aleja de la realidad
Y sin querer me acosa
Provocándome a pensar
Cuan alejada estoy del mundo
Y que tan cerca estoy
de la soledad.
martes
A ti desconocido
A ti desconocido
te quiero entero
en el ocaso.
Que inspires mi aliento
que no me dejes respirar.
Te quiero entero.
Egoísta y sin milagros.
Una noche,
una tarde o mañana
ya no importa, me da igual.
Quiero probar tu miel
el aliento de tu boca
el sabor de tus besos.
Quiero probar el néctar
que brote de tus labios,
saborear el aroma de tu piel.
Más no preguntas nada
no querrás saber de mí,
pues no sabré contestarte
pues no sabré qué decir.
Sólo quiero vivir ese instante
y que el tiempo se detenga
antes del amanecer.
No te asustes.
No temas.
Es tu mirada la que deseo,
es tu voz
la que me hace vibrar,
pero amarte no puedo...
ya que no sabré amar.
te quiero entero
en el ocaso.
Que inspires mi aliento
que no me dejes respirar.
Te quiero entero.
Egoísta y sin milagros.
Una noche,
una tarde o mañana
ya no importa, me da igual.
Quiero probar tu miel
el aliento de tu boca
el sabor de tus besos.
Quiero probar el néctar
que brote de tus labios,
saborear el aroma de tu piel.
Más no preguntas nada
no querrás saber de mí,
pues no sabré contestarte
pues no sabré qué decir.
Sólo quiero vivir ese instante
y que el tiempo se detenga
antes del amanecer.
No te asustes.
No temas.
Es tu mirada la que deseo,
es tu voz
la que me hace vibrar,
pero amarte no puedo...
ya que no sabré amar.
lunes
Manos que se unen...
Manos que se unen
en un contorno gracioso
delineando a través de caricias
la sombra del ser amado.
Manos perseverantes
que han asido lágrimas
testigos de tristezas
como de inocentes esperanzas.
También he visto manos unidas,
arrugadas por el tiempo
intensamente aferradas
como desde el primer momento
en que para siempre
cruzaron sus dedos.
Todas delatan con sólo mirarlas
el espíritu de la nobleza,
como si el alma se hubiese
prendido a ellas.
Pero están las olvidadas,
Las que no tienen aliento,
Las que no brillan
A pesar de su pureza.
Las que sólo viven, seducen, vacilan,
En los pasillos del desconsuelo.
Como esclavas del universo
Como Dioses escupidos del Olimpo
Como seres abandonados,
A la suerte del olvido
Que absorben las culpas eternas
Y luchan a ciegas
Con su peor enemigo: “Su Destino”
en un contorno gracioso
delineando a través de caricias
la sombra del ser amado.
Manos perseverantes
que han asido lágrimas
testigos de tristezas
como de inocentes esperanzas.
También he visto manos unidas,
arrugadas por el tiempo
intensamente aferradas
como desde el primer momento
en que para siempre
cruzaron sus dedos.
Todas delatan con sólo mirarlas
el espíritu de la nobleza,
como si el alma se hubiese
prendido a ellas.
Pero están las olvidadas,
Las que no tienen aliento,
Las que no brillan
A pesar de su pureza.
Las que sólo viven, seducen, vacilan,
En los pasillos del desconsuelo.
Como esclavas del universo
Como Dioses escupidos del Olimpo
Como seres abandonados,
A la suerte del olvido
Que absorben las culpas eternas
Y luchan a ciegas
Con su peor enemigo: “Su Destino”
sábado
Dónde quedó el paraíso.
En un mundo de Amor y de Lucha
donde los intereses afloran
desde un piso encerado,
lo que de la verdad quede
es una profunda utopía.
Valores y principios
forman parte del show,
de una burda comedia
que se desintegra
a medida que el hombre
comienza a ser racional.
La sociedad se convierte
en espectáculo, circo mediocre
montado por especies
que en extinción
no se encuentran.
Se ligan a lo banal.
Absurdo.
Superfluo.
Sin observar más allá
de sus caretas,
sin observar más allá
de la historia.
Sin observar nunca,
¡VEN Y MIRAN!
Inocentes seres humillados,
degradados, marginados.
Sin aliento.
Ennegrecidos sus tristes
rostros sucios,
de llanto y de penas.
Causalidad de aquellos
grotescos individuos
Que siendo hombres
no son personas,
que siendo futuro
son apocalipsis.
Cómplices de la degradación,
y aliados a la involución
del universo.
¿Dónde quedó el paraíso?
donde los intereses afloran
desde un piso encerado,
lo que de la verdad quede
es una profunda utopía.
Valores y principios
forman parte del show,
de una burda comedia
que se desintegra
a medida que el hombre
comienza a ser racional.
La sociedad se convierte
en espectáculo, circo mediocre
montado por especies
que en extinción
no se encuentran.
Se ligan a lo banal.
Absurdo.
Superfluo.
Sin observar más allá
de sus caretas,
sin observar más allá
de la historia.
Sin observar nunca,
¡VEN Y MIRAN!
Inocentes seres humillados,
degradados, marginados.
Sin aliento.
Ennegrecidos sus tristes
rostros sucios,
de llanto y de penas.
Causalidad de aquellos
grotescos individuos
Que siendo hombres
no son personas,
que siendo futuro
son apocalipsis.
Cómplices de la degradación,
y aliados a la involución
del universo.
¿Dónde quedó el paraíso?
viernes
PARALELO
Resisto acometer el paralelo de la vida
siento el crujir de los océanos,
la ausencia de almas pérdidas.
Siento el aliento pérfido
de un vuelo sin escalas.
Siento el sabor a hiel
de una rutina amarga.
Más no puedo controlar
los espasmos de la vida
que sacuden el destino
de mi alma.
Resisto a elevarme
luego de una mortal caída.
El miedo me azota,
el caminar me agota.
Simplemente quisiera tener alas
para escaparme de éste lugar y
alojarme en el engranaje oculto
de un corazón aislado
para así poder sentirme niña
al dormir a su lado.
El viento despierta.
Las velas se apagan.
Y la mente acorralada
entona el himno
a su conciencia.
siento el crujir de los océanos,
la ausencia de almas pérdidas.
Siento el aliento pérfido
de un vuelo sin escalas.
Siento el sabor a hiel
de una rutina amarga.
Más no puedo controlar
los espasmos de la vida
que sacuden el destino
de mi alma.
Resisto a elevarme
luego de una mortal caída.
El miedo me azota,
el caminar me agota.
Simplemente quisiera tener alas
para escaparme de éste lugar y
alojarme en el engranaje oculto
de un corazón aislado
para así poder sentirme niña
al dormir a su lado.
El viento despierta.
Las velas se apagan.
Y la mente acorralada
entona el himno
a su conciencia.
miércoles
¿Cómo hago para rescatarme de esta guerra que sembré...
¿Cómo hago para rescatarme de esta guerra que sembré en mi conciencia?
Intento no llevarte más conmigo, pero la realidad me indica que vaya donde vaya, estás. En mi alma, en mi desolada alma porque ya no estas junto a mi, tal vez nunca estuviste.
Sin embargo yo sí me sentí tuya, arraigada a tu olor, sumergida en tu respiración, desvanecida sobre tu piel,
¡Pero nada alcanzó para tenerte... porque nunca te tuve!
Y ahora cómo queda mi voluntad, cómo deshago todo lo bello que tenía para darte.
Cómo hago para rescatar mi alma apagada de la luz que me dieron tus ojos encendidos.
Me encuentro combatiendo sobre tierra estéril y es peor que mil ejércitos juntos luchando por sobrevivir.
Combato para olvidar
Para no sentir, para no, para no, para no...
y lloro
Y me desespero
Y me desdoblo en mil pedazos, más que mil ejércitos juntos para continuar esperando algo que no llegará.
Intento no llevarte más conmigo, pero la realidad me indica que vaya donde vaya, estás. En mi alma, en mi desolada alma porque ya no estas junto a mi, tal vez nunca estuviste.
Sin embargo yo sí me sentí tuya, arraigada a tu olor, sumergida en tu respiración, desvanecida sobre tu piel,
¡Pero nada alcanzó para tenerte... porque nunca te tuve!
Y ahora cómo queda mi voluntad, cómo deshago todo lo bello que tenía para darte.
Cómo hago para rescatar mi alma apagada de la luz que me dieron tus ojos encendidos.
Me encuentro combatiendo sobre tierra estéril y es peor que mil ejércitos juntos luchando por sobrevivir.
Combato para olvidar
Para no sentir, para no, para no, para no...
y lloro
Y me desespero
Y me desdoblo en mil pedazos, más que mil ejércitos juntos para continuar esperando algo que no llegará.
martes
Voy por la calle...
Voy por la calle
y me detengo
al escuchar
una sonata
melancólica
de un alma
acorralada
en una jaula dorada
con pétalos de rosas.
Sin entender
el acto
comprendí
el azar de la vida
el cual consiste
en retener almas
para absorber
su sabiduría
... a veces cálida
... a veces fría,
pero siempre
en Almas
Almas puras y abatidas
Aterricé
sin quererlo
en el misterio
de los sentidos...
y sin desearlo
me sentí presa
y sin serlo
me sentí cautiva
Entonces
Me detuve
En silencio
pensé.
En silencio
decidí.
y tomando
el arma
entre mis manos
dí final
a ésta historia,
pues abrí
la puerta
de aquélla
magnánima jaula
y con un suave susurro
sobre el destello
del alba, le dije
al ave etérea:
"Sal, Agita tus alas, Canta y Vuela"
y me detengo
al escuchar
una sonata
melancólica
de un alma
acorralada
en una jaula dorada
con pétalos de rosas.
Sin entender
el acto
comprendí
el azar de la vida
el cual consiste
en retener almas
para absorber
su sabiduría
... a veces cálida
... a veces fría,
pero siempre
en Almas
Almas puras y abatidas
Aterricé
sin quererlo
en el misterio
de los sentidos...
y sin desearlo
me sentí presa
y sin serlo
me sentí cautiva
Entonces
Me detuve
En silencio
pensé.
En silencio
decidí.
y tomando
el arma
entre mis manos
dí final
a ésta historia,
pues abrí
la puerta
de aquélla
magnánima jaula
y con un suave susurro
sobre el destello
del alba, le dije
al ave etérea:
"Sal, Agita tus alas, Canta y Vuela"
viernes
Duda
¿Cuál es la dinámica de la vida, aquella fuerza invisible que motiva los sentimientos humanos que los bloquea y los oculta cuando nos hacen daño?
Cuál es la fuerza que los dirige, los impulsa y los convierte en actos que se suceden y se alternan a si mismos.
Algunos nos dan miedo, miedo a lo desconocido cuando buceamos internamente, a sentirnos viscerales víctimas de nuestras pasiones y egoísmos, débiles ante la adversidad sufrimos el vacío de la soledad con el temor a encontrarnos con nosotros mismos.
Otros nos ofrecen deleite, la dicha de un momento que queremos sea eterno y perdure en lo más profundo de nuestro ser porque estamos deseosos de disfrutar, porque anhelamos el goce de la felicidad, aquella que nos cuesta tanto trabajo conservar.
Otros nos entregan tristeza mientras se convierten en aliados y enemigos.
Un mismo acto puede significar dos opuestos y cómo se hace para encontrar el correcto, aunque mi pregunta sea ¿hay uno correcto?
Lo relativo, la ambigüedad, la incertidumbre pasan a ser lo absoluto y lo certero se transforma en una constante de variantes. El acierto sería entonces “qué sólo sé de dudas sin respuestas”
Sería fácil y atractivo vivir sin interrogantes
Sería como gotas de felicidad en un día lluvioso
Gotas que resbalen por mi rostro, se deslicen por mis manos y absorban todas las dudas de mi mente.
Cuál es la fuerza que los dirige, los impulsa y los convierte en actos que se suceden y se alternan a si mismos.
Algunos nos dan miedo, miedo a lo desconocido cuando buceamos internamente, a sentirnos viscerales víctimas de nuestras pasiones y egoísmos, débiles ante la adversidad sufrimos el vacío de la soledad con el temor a encontrarnos con nosotros mismos.
Otros nos ofrecen deleite, la dicha de un momento que queremos sea eterno y perdure en lo más profundo de nuestro ser porque estamos deseosos de disfrutar, porque anhelamos el goce de la felicidad, aquella que nos cuesta tanto trabajo conservar.
Otros nos entregan tristeza mientras se convierten en aliados y enemigos.
Un mismo acto puede significar dos opuestos y cómo se hace para encontrar el correcto, aunque mi pregunta sea ¿hay uno correcto?
Lo relativo, la ambigüedad, la incertidumbre pasan a ser lo absoluto y lo certero se transforma en una constante de variantes. El acierto sería entonces “qué sólo sé de dudas sin respuestas”
Sería fácil y atractivo vivir sin interrogantes
Sería como gotas de felicidad en un día lluvioso
Gotas que resbalen por mi rostro, se deslicen por mis manos y absorban todas las dudas de mi mente.
miércoles
La Niña Devota
Veo un corredor largo y percibo un olor nauseabundo, el agua podrida fluye y todo está bajo la tierra.
Allí abajo, una niña se lamenta, se encuentra arrodillada ante una imagen, creo que es la imagen de una virgen. Ella reza apasionadamente, con su voz y con su cuerpo, se estremece, implora y susurra unas melodías que sólo ella conoce.
Pero de repente y sin avisar una corriente de aire arroja sin permiso la imagen de la divinidad al agua putrefacta, la tira como con un golpe de puño del pequeño altar que la niña había construído con tanto esmero y dedicación.
Ella queda paralizada al observar como se sumerge lentamente bajo el agua (aunque a eso no puedo llamarlo “agua”, era más bien un líquido inmundo y viscoso que pareciera cobrar vida ante la tragedia) y se desata en llanto, en un llanto mortífero. La ira la posee y le arrebata la cordura, porque cada vez se inclina un poco más ante ese riacho traicionero exigiéndole el retorno de su mísera estampita.
La pobre esta como ida, como sustraída por algo que nunca llegué a comprender, pareciera que necesita más que nunca de esa fe que deposita incondicionalmente en un papel con la figura de la virgen, de su virgen.
- ¡Pobre niña!¡CUIDADO! (quise gritar)
Esta cegada ante el peligro, no domina sus impulsos y se sigue inclinando más y más, de rodillas estira sus brazos, entre sollozos agacha su cuerpo y hunde la cabeza en el agua.
- ¡Sólo quiere recuperar esa bendita estampita!
Un acto de tanta simpleza que internamente conlleva un acto complejo que se reduce a la locura. Finalmente cae y yo nada pude hacer, salvo mirar como un vil fisgón.
El agua la devora como si fuera una venganza a los gritos pronunciados por la niña y no tiene piedad alguna de su inocencia y de su frágil fe.
Es sólo una niña, una niña desdichada.
- ¡AYUDA, AYUDA, necesito ayuda! Pensé en voz alta.
¿Cuál sería su fe? ¿Qué promesa habrá hecho para cometer semejante acto de demencia?
Yo quede paralizado... inmóvil.
Por una abertura había observado todo, pero nada pude hacer mi cuerpo no pasaba por ese maldito agujero, sí el de ella que era muy pequeñito y delgado.
Quede atormentado, sin comer, sin dormir por días enteros. En mi cabeza sólo tenía presente la imagen de la niña arrodillada, perturbada, rogando a su Dios, suplicando perdón por una promesa que no había podido cumplir, meciéndose continuamente con las manitos cruzadas y con la mirada fija y extraviada hacia el altar que allí abajo había improvisado con una caja de cartón, papel de diario y unas velitas usadas.
Paso el tiempo, poco tiempo, aunque para mi fue una eternidad. Mi angustia no cesaba, se incrementaba cada vez un poco más. Había bajado de peso, mi semblante era aterrador, no tenía fuerzas para levantarme de la cama y menos para ir a trabajar.
Alucinaba con la pequeña, soñaba con ella dormido y despierto. Me sentía realmente aturdido, culpable por no haberla auxiliado, por no rescatarla de tanta oscuridad.
¡Fuí espectador y fuí un cobarde!
Pasados los días no tuve más remedio que retomar algo de lo que quedaba de mi vida y salí a la calle, salí muy tímidamente, pero parece que todo estaba cruelmente premeditado. No hice más que caminar dos cuadras por la avenida cuando veo un tumulto de gente agolpada como bestias, me acerque y ví el espectáculo más horroroso de toda mi existencia. Allí estaba tendido sobre la desembocadura de aquel corredor diabólico el cuerpo sin vida de la chiquilla, así fue que me reencontré con ella.
Que espanto fue ver ese frágil cuerpo, frío, hinchado, morado, en total estado de descomposición.
- ¡Cuánto habrá sufrido!
Pensar que en algún momento ese cuerpo se estremeció con el correr de sus lágrimas. Imagino sus pómulos rosados, escucho sus latidos como acompañan el ritmo de un juego de niños.Imagino que en algún momento pudo haber sido feliz.
Caí inconsciente, presa del terror de mis pensamientos.
Cuando desperté estaba en el hospital, me dolía mucho la cabeza. Se ve que al desplomarse mi cuerpo la cabeza pegó contra el suelo porque también tenía una herida, bastante profunda, que los médicos se encargaron de curar. Aún así todo daba vueltas sobre mí.
Me encontraba sumamente fatigado y desconcertado. Tenía la boca seca y no podía emitir ninguna palabra... sólo jadeaba y daba bruscas palmadas sobre mi pecho como para poder escupir algo, como para poder escupir algo de la angustia que oprimía mi alma.
-¡Quiero agua! ¡Denme agua!
Empecé a querer gritar, pero apenas podía escucharlo yo mismo. De todas formas estaba completamente sólo en ese cuarto azulejado de hospital.
Mis latidos se aceleraban cada vez más, con mayor frecuencia. Necesitaba beber agua, agua pura, agua fresca y limpia.
Al lado de la cama había una mesa y sobre ella veo un vaso lleno con agua. Lo agarro enojado por no haberlo visto antes, ya que hubiese ahorrado tiempo y angustia, y bebo, bebo con necesidad, como nunca antes lo hubiese hecho y con la desesperación de querer hasta la última gota de agua.
Una vez saciado, ya más relajado, apoyo el vaso sobre la mesa y fue ahí, en ese instante que un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. Lo sentí paralizado, no podía mover mis extremidades, mis brazos, mis piernas estaban entumecidas por completo. Sentí como mi alma se desprendió súbitamente de mi cuerpo hacia la nada.
Yo no soy creyente, ¡hasta ahora!, pero en aquel momento grite, grite ¡¡DIOS MIO!!
Sobre la mesa apoyada estaba la imagen de la Virgen que la niña devota adoro hasta la muerte, aún se encontraba húmeda y mantenía el olor del agua podrida.
Allí abajo, una niña se lamenta, se encuentra arrodillada ante una imagen, creo que es la imagen de una virgen. Ella reza apasionadamente, con su voz y con su cuerpo, se estremece, implora y susurra unas melodías que sólo ella conoce.
Pero de repente y sin avisar una corriente de aire arroja sin permiso la imagen de la divinidad al agua putrefacta, la tira como con un golpe de puño del pequeño altar que la niña había construído con tanto esmero y dedicación.
Ella queda paralizada al observar como se sumerge lentamente bajo el agua (aunque a eso no puedo llamarlo “agua”, era más bien un líquido inmundo y viscoso que pareciera cobrar vida ante la tragedia) y se desata en llanto, en un llanto mortífero. La ira la posee y le arrebata la cordura, porque cada vez se inclina un poco más ante ese riacho traicionero exigiéndole el retorno de su mísera estampita.
La pobre esta como ida, como sustraída por algo que nunca llegué a comprender, pareciera que necesita más que nunca de esa fe que deposita incondicionalmente en un papel con la figura de la virgen, de su virgen.
- ¡Pobre niña!¡CUIDADO! (quise gritar)
Esta cegada ante el peligro, no domina sus impulsos y se sigue inclinando más y más, de rodillas estira sus brazos, entre sollozos agacha su cuerpo y hunde la cabeza en el agua.
- ¡Sólo quiere recuperar esa bendita estampita!
Un acto de tanta simpleza que internamente conlleva un acto complejo que se reduce a la locura. Finalmente cae y yo nada pude hacer, salvo mirar como un vil fisgón.
El agua la devora como si fuera una venganza a los gritos pronunciados por la niña y no tiene piedad alguna de su inocencia y de su frágil fe.
Es sólo una niña, una niña desdichada.
- ¡AYUDA, AYUDA, necesito ayuda! Pensé en voz alta.
¿Cuál sería su fe? ¿Qué promesa habrá hecho para cometer semejante acto de demencia?
Yo quede paralizado... inmóvil.
Por una abertura había observado todo, pero nada pude hacer mi cuerpo no pasaba por ese maldito agujero, sí el de ella que era muy pequeñito y delgado.
Quede atormentado, sin comer, sin dormir por días enteros. En mi cabeza sólo tenía presente la imagen de la niña arrodillada, perturbada, rogando a su Dios, suplicando perdón por una promesa que no había podido cumplir, meciéndose continuamente con las manitos cruzadas y con la mirada fija y extraviada hacia el altar que allí abajo había improvisado con una caja de cartón, papel de diario y unas velitas usadas.
Paso el tiempo, poco tiempo, aunque para mi fue una eternidad. Mi angustia no cesaba, se incrementaba cada vez un poco más. Había bajado de peso, mi semblante era aterrador, no tenía fuerzas para levantarme de la cama y menos para ir a trabajar.
Alucinaba con la pequeña, soñaba con ella dormido y despierto. Me sentía realmente aturdido, culpable por no haberla auxiliado, por no rescatarla de tanta oscuridad.
¡Fuí espectador y fuí un cobarde!
Pasados los días no tuve más remedio que retomar algo de lo que quedaba de mi vida y salí a la calle, salí muy tímidamente, pero parece que todo estaba cruelmente premeditado. No hice más que caminar dos cuadras por la avenida cuando veo un tumulto de gente agolpada como bestias, me acerque y ví el espectáculo más horroroso de toda mi existencia. Allí estaba tendido sobre la desembocadura de aquel corredor diabólico el cuerpo sin vida de la chiquilla, así fue que me reencontré con ella.
Que espanto fue ver ese frágil cuerpo, frío, hinchado, morado, en total estado de descomposición.
- ¡Cuánto habrá sufrido!
Pensar que en algún momento ese cuerpo se estremeció con el correr de sus lágrimas. Imagino sus pómulos rosados, escucho sus latidos como acompañan el ritmo de un juego de niños.Imagino que en algún momento pudo haber sido feliz.
Caí inconsciente, presa del terror de mis pensamientos.
Cuando desperté estaba en el hospital, me dolía mucho la cabeza. Se ve que al desplomarse mi cuerpo la cabeza pegó contra el suelo porque también tenía una herida, bastante profunda, que los médicos se encargaron de curar. Aún así todo daba vueltas sobre mí.
Me encontraba sumamente fatigado y desconcertado. Tenía la boca seca y no podía emitir ninguna palabra... sólo jadeaba y daba bruscas palmadas sobre mi pecho como para poder escupir algo, como para poder escupir algo de la angustia que oprimía mi alma.
-¡Quiero agua! ¡Denme agua!
Empecé a querer gritar, pero apenas podía escucharlo yo mismo. De todas formas estaba completamente sólo en ese cuarto azulejado de hospital.
Mis latidos se aceleraban cada vez más, con mayor frecuencia. Necesitaba beber agua, agua pura, agua fresca y limpia.
Al lado de la cama había una mesa y sobre ella veo un vaso lleno con agua. Lo agarro enojado por no haberlo visto antes, ya que hubiese ahorrado tiempo y angustia, y bebo, bebo con necesidad, como nunca antes lo hubiese hecho y con la desesperación de querer hasta la última gota de agua.
Una vez saciado, ya más relajado, apoyo el vaso sobre la mesa y fue ahí, en ese instante que un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. Lo sentí paralizado, no podía mover mis extremidades, mis brazos, mis piernas estaban entumecidas por completo. Sentí como mi alma se desprendió súbitamente de mi cuerpo hacia la nada.
Yo no soy creyente, ¡hasta ahora!, pero en aquel momento grite, grite ¡¡DIOS MIO!!
Sobre la mesa apoyada estaba la imagen de la Virgen que la niña devota adoro hasta la muerte, aún se encontraba húmeda y mantenía el olor del agua podrida.
martes
Incierto
Voy cruzando un campo cubierto por árboles frondosos y pastos altos.
El cielo sobre mí, convertido en noche, inundado por estrellas que resplandecen como si fueran dioses olímpicos.
Me arrastra la brisa suave y fresca de un otoño templado, transito segura, realmente me siento feliz, plena.
El olor a pasto húmedo, como si recién lo hubiesen regado, invade mis sentidos.
Lo cierto es que yo no me veo, sólo gozo de sensaciones, únicamente veo campo y más campo, cielo y más cielo.
Voy ligera, volátil no sé a qué lugar. Sigo camino rumbo a lo desconocido, como un alma que flota por los recovecos de un cementerio.
Voy en soledad hacia algo que ignoro y le canto a la dicha por lo que descubriste en mí, canto por los secretos que tu cuerpo me han revelado.
De todas formas tengo el presentimiento que algo no marcha bien, aunque una sonrisa se dibuje en mi rostro, siento que mi felicidad se interrumpe por algo, por alguien, no alcanzo a distinguir bien con tanta oscuridad, que deja de ser ya mi compañera.
Me asusto y aligero el paso, mi corazón comienza a palpitar rápido, tan rápido que logro escucharlo.
Algo me alcanza, pero no observo nada de nada, sólo escucho los gemidos extraños de algo que me llama y pronuncia mi nombre, como un eco sobre el abismo, su respiración agitada y profunda me acosa. Estoy sola en un campo, ahora desierto, que me traga en la magnitud de la noche.
El miedo me paraliza y lloro. Siento que algo continúa respirando muy cerca de mi, lo siento, percibo su olor y Él percibe mi miedo. Corro, corro con la urgencia de llegar a algún destino que me guarde y proteja. Ya estoy muy cansada y mi cuerpo se rinde, no responde. Me doy cuenta que no tengo escapatoria, por más veloz que sea mi paso siempre vuelvo al mismo lugar, al lugar donde aquel me espera.
Intento por todos los medios seguir alerta, en definitiva mi felicidad termina por diluirse, como se diluye un color en el agua y el desconsuelo me hace su víctima. REZO!!
¡Ahora sí los veo! Veo unos ojos irritados, llenos de cólera que se acercan. Se aproximan seguros y potentes, especulan con mi temor y llegan frente a mí. Las garras sigilosamente se despiertan, brillan como el marfil en la noche, esa noche que fue de encantos y ahora es de tinieblas, me seducen, quieren que me entregue.
Ahora estoy serena, pero tengo mucho frío. Siento las garras traspasar mi piel, como se hincan y sacuden mi cuerpo. La sangre empaña el verdor de los campos y caigo abatida, como en un sueño. Sin luchar me someto a la sola voluntad de la fiera que no deja de corroer, gustosa, en la profundidad de mi piel desnuda. Ya satisfecha me abandona.
Ya no siento el olor húmedo de los campos, ya no veo el cielo con sus astros ordenados poéticamente. Sólo siento como la sangre bautiza el suelo, ya no es un pastizal frondoso sino un mármol helado debajo de mi cuerpo.
Sigo consciente y alimento mis pensamientos con interrogantes que ya no valen la pena.
La vida te confiesa sus placeres exquisitos, te declara momentos eternos que duran instantes, te deleita en la tragedia con el placer de la gloria, para luego en segundos despojarte de todo aquello, dejando desamparada mi alma, ahora cuando mis ojos ya se duermen.
El cielo sobre mí, convertido en noche, inundado por estrellas que resplandecen como si fueran dioses olímpicos.
Me arrastra la brisa suave y fresca de un otoño templado, transito segura, realmente me siento feliz, plena.
El olor a pasto húmedo, como si recién lo hubiesen regado, invade mis sentidos.
Lo cierto es que yo no me veo, sólo gozo de sensaciones, únicamente veo campo y más campo, cielo y más cielo.
Voy ligera, volátil no sé a qué lugar. Sigo camino rumbo a lo desconocido, como un alma que flota por los recovecos de un cementerio.
Voy en soledad hacia algo que ignoro y le canto a la dicha por lo que descubriste en mí, canto por los secretos que tu cuerpo me han revelado.
De todas formas tengo el presentimiento que algo no marcha bien, aunque una sonrisa se dibuje en mi rostro, siento que mi felicidad se interrumpe por algo, por alguien, no alcanzo a distinguir bien con tanta oscuridad, que deja de ser ya mi compañera.
Me asusto y aligero el paso, mi corazón comienza a palpitar rápido, tan rápido que logro escucharlo.
Algo me alcanza, pero no observo nada de nada, sólo escucho los gemidos extraños de algo que me llama y pronuncia mi nombre, como un eco sobre el abismo, su respiración agitada y profunda me acosa. Estoy sola en un campo, ahora desierto, que me traga en la magnitud de la noche.
El miedo me paraliza y lloro. Siento que algo continúa respirando muy cerca de mi, lo siento, percibo su olor y Él percibe mi miedo. Corro, corro con la urgencia de llegar a algún destino que me guarde y proteja. Ya estoy muy cansada y mi cuerpo se rinde, no responde. Me doy cuenta que no tengo escapatoria, por más veloz que sea mi paso siempre vuelvo al mismo lugar, al lugar donde aquel me espera.
Intento por todos los medios seguir alerta, en definitiva mi felicidad termina por diluirse, como se diluye un color en el agua y el desconsuelo me hace su víctima. REZO!!
¡Ahora sí los veo! Veo unos ojos irritados, llenos de cólera que se acercan. Se aproximan seguros y potentes, especulan con mi temor y llegan frente a mí. Las garras sigilosamente se despiertan, brillan como el marfil en la noche, esa noche que fue de encantos y ahora es de tinieblas, me seducen, quieren que me entregue.
Ahora estoy serena, pero tengo mucho frío. Siento las garras traspasar mi piel, como se hincan y sacuden mi cuerpo. La sangre empaña el verdor de los campos y caigo abatida, como en un sueño. Sin luchar me someto a la sola voluntad de la fiera que no deja de corroer, gustosa, en la profundidad de mi piel desnuda. Ya satisfecha me abandona.
Ya no siento el olor húmedo de los campos, ya no veo el cielo con sus astros ordenados poéticamente. Sólo siento como la sangre bautiza el suelo, ya no es un pastizal frondoso sino un mármol helado debajo de mi cuerpo.
Sigo consciente y alimento mis pensamientos con interrogantes que ya no valen la pena.
La vida te confiesa sus placeres exquisitos, te declara momentos eternos que duran instantes, te deleita en la tragedia con el placer de la gloria, para luego en segundos despojarte de todo aquello, dejando desamparada mi alma, ahora cuando mis ojos ya se duermen.
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