Manos que se unen
en un contorno gracioso
delineando a través de caricias
la sombra del ser amado.
Manos perseverantes
que han asido lágrimas
testigos de tristezas
como de inocentes esperanzas.
También he visto manos unidas,
arrugadas por el tiempo
intensamente aferradas
como desde el primer momento
en que para siempre
cruzaron sus dedos.
Todas delatan con sólo mirarlas
el espíritu de la nobleza,
como si el alma se hubiese
prendido a ellas.
Pero están las olvidadas,
Las que no tienen aliento,
Las que no brillan
A pesar de su pureza.
Las que sólo viven, seducen, vacilan,
En los pasillos del desconsuelo.
Como esclavas del universo
Como Dioses escupidos del Olimpo
Como seres abandonados,
A la suerte del olvido
Que absorben las culpas eternas
Y luchan a ciegas
Con su peor enemigo: “Su Destino”
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