Pálido y de mirada lúgubre
errante caminas
por las noches frías
sin querer divisar el rumbo.
Virtuoso y prudente
te encuentras perdido
en tu propio mundo,
olvidando, tal vez,
buscar la salida.
Laberinto de escollos
que pueden transportar
la sublime experiencia
de tu innata destreza
para descubrir el destino
y encontrar la verdad.
No hay minotauro alguno
que no puedas condenar
y redimir al mundo
con tu soberbia valentía.
Para luego marchar.
Sin embargo...
El olvido opacó
tu tremenda hazaña.
Olvido de la palabra
empeñada.
Ovillo de hilo
que guió tus pasos
a través de aquellos
corredores macabros
y así enfrentar a la bestia
mitad hombre, mitad toro.
Ovillo de hilo
que desde el principio
te ha marcado el camino.
Fue la herramienta
más valiosa que Ariadna
entregó a Teseo
para iluminar la ruta
y guiar sus pasos
de vuelta a la luz.
Aquél que negocio su ayuda
por el bendito hilo de plata,
Aquél que prometió amarla
si salía ileso del laberinto,
Aquél pagó el auxilio
de la princesa
con la más indigna perfidia,
pues luego de la victoria
entre la gloria y los laureles
olvido cumplir su palabra
y abandono a la crédula doncella
en una isla desierta...
Para luego convertirse en rey.
1 comentario:
Muy reduccionista decir "son todos iguales"??? o acaso muy teñido de un rencor imperdonable??? jejeje! Son todos iguales... salvo algunos, claro!
Muy lindo amiga, muy linda forma de contar la historia.
Se te extraña por aquí, pero está bien, espero que estés pasándola súper y descansando. Te quiero!
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