viernes

Encrucijada

Me he inculcado

Los valores más absolutos

Acerca del amor

Durante toda mi existencia.

He creído asirlo

Respetando mis convicciones.

Me guardé cándida para él.

No probé placer alguno

Que no viniera de su boca…

Ingenua y utópica

Pase por la vida.

Reprimí deseos

Para consagrarlos luego a aquél.

Ahora

Aquí me encuentro

En mi propia encrucijada

La cual yo invente.

Y me embriago en soledad.

Me embriago

Por las caricias de un extraño,

Por sus miradas inquietas

Que intimidan mi ser.

Sus movimientos ligeros

Ante mi pecho se inclinan

Y en un letargo quedo sumida

ESTÁTICA.
INMÓVIL.

Atormentado mi pensamiento,

CUERPO,
ALMA…

Y elevo una plegaria

Para no dejarme caer

Desnuda ante su presencia

ALTIVA,
SOBERANA.

Es aquí donde se desmoronan

Mis principios y actitudes

Ante una sociedad

Que condena

Estas secretas pasiones

En una mujer bien amada.

Y pregunto a mi conciencia

¿Cuál será mi condena?

Pues ya estoy condenada

Por el sólo hecho

De sentir lo que siento

y desear lo prohibido,

de querer asir su aliento

con mi boca anestesiada.

Ya no hay retorno alguno

Para mis días.

Más soy sincera

En el ocaso,

Y si de piedad se trata

Pido piedad por mis deseos,

Pues quiero extraviarme

En su regazo,

Olvidar mi nombre entre sus brazos

Y sentir el ardor

De sus ojos en mis pupilas

Que penetres por las venas de mi herida

El jugo de su piel.

Así callaré mi boca,

Morderé mi lengua

Y seguiré en silencio

El camino de su cuerpo.

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