Me he inculcado
Los valores más absolutos
Acerca del amor
Durante toda mi existencia.
He creído asirlo
Respetando mis convicciones.
Me guardé cándida para él.
No probé placer alguno
Que no viniera de su boca…
Ingenua y utópica
Pase por la vida.
Reprimí deseos
Para consagrarlos luego a aquél.
Ahora
Aquí me encuentro
En mi propia encrucijada
La cual yo invente.
Y me embriago en soledad.
Me embriago
Por las caricias de un extraño,
Por sus miradas inquietas
Que intimidan mi ser.
Sus movimientos ligeros
Ante mi pecho se inclinan
Y en un letargo quedo sumida
ESTÁTICA.
INMÓVIL.
Atormentado mi pensamiento,
CUERPO,
ALMA…
Y elevo una plegaria
Para no dejarme caer
Desnuda ante su presencia
ALTIVA,
SOBERANA.
Es aquí donde se desmoronan
Mis principios y actitudes
Ante una sociedad
Que condena
Estas secretas pasiones
En una mujer bien amada.
Y pregunto a mi conciencia
¿Cuál será mi condena?
Pues ya estoy condenada
Por el sólo hecho
De sentir lo que siento
y desear lo prohibido,
de querer asir su aliento
con mi boca anestesiada.
Ya no hay retorno alguno
Para mis días.
Más soy sincera
En el ocaso,
Y si de piedad se trata
Pido piedad por mis deseos,
Pues quiero extraviarme
En su regazo,
Olvidar mi nombre entre sus brazos
Y sentir el ardor
De sus ojos en mis pupilas
Que penetres por las venas de mi herida
El jugo de su piel.
Así callaré mi boca,
Morderé mi lengua
Y seguiré en silencio
El camino de su cuerpo.
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