lunes

Acis y Galatea.


Galatea, una de las más dulces y soñada de las Nereidas, sentía vivo afecto por Acis, un pastor que también la amaba tiernamente.

Pero otro ser había concebido por esta ninfa una ardiente pasión: Polifemo, el más horroroso de los cíclopes. Tenía la altura de una montaña, su boca se extendía hacía las orejas y en medio de la frente surcaba su único ojo, con el que veía y controlaba todo lo que sucedía a su alrededor.  Era un ser temido, cuenta la fábula que se situaba en los caminos mas apartados a la espera de que por allí pasase algún viajero, lo atraía hacía su antro y mientras dormía, inerte,  a causa del olor que destilaba su morada, lo ahogaba devorando sus miembros palpitantes aún.


Polifemo con ese aspecto pavoroso y carácter siniestro, sintió nacer un férvido y vivo amor por Galatea. Pensó que llegaría a ser correspondido y aquel puso en juego todo lo que en sus manos estaba para agradarle y convertirse en afecto a su amor. Modulaba dulces aires con su instrumento de siete tubos, que el mismo había creado para impactar a la doncella y frecuentemente se arrodillaba devotamente frente a la gruta donde la ninfa vivía para consagrarle su eterno amor.

 
Pero Galatea había ya prometido su eterna amistad a Acis y fue un día, aquel siniestro día en el cual el perturbador ser vagaba por las orillas del mar triste y soñador, que diviso al pastor. Exasperado al verle, lanza un grito de ira y venganza. Galatea al escuchar tan aturdidor grito se esconde bajo las aguas, Acis huye y se esconde tras unas cañas, pero Polifemo tan astuto y ladino descubre a su rival, toma entre sus garras un enorme peñasco y lo lanza con toda su furia contra la frente del pastor, causándole su muerte.

 
Presa Galatea ante tremenda tragedia, no pudo contener la desesperación de aquella  partida tan cruel,  y desahuciada,  su cálido rostro se deshizo en llanto y no pudiendo restituir a su amado la vida, lo convierte en el río que lleva su nombre, atravesando las comarcas de sicilianas.

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