miércoles

La Razón del Desvarío

Los seres como razón de desvarío, todo lo pueden y a todo se atreven en nombre de su máxima: La Razón. La idolatran como si fuera una divinidad y la desean como a la más bella mujer.
Creen que por medio de ésta se alcanzará el triunfo… la sostienen a muerte y muerte se ha causado en su nombre. Hombres mentores la concibieron hace ya muchos, muchos años creyendo poder traspasar los muros y las fronteras del individuo y alcanzar así la inmortalidad… la famosa Razón Instrumental.

Al principio fue la luz de una era y luego fue la era hecha ceniza. Millones de libros se han escrito, teorías abstractas, ensayos y gobiernos absolutistas de dictadores mediocres han conspirado por y con Ella.
“El hombre que todo lo puede a través de la razón” va caminando sonámbulo por el universo taciturno, orgulloso y exultante de los imperios que han sido creados, desafiando la paz, escupiendo la fe, ignorando la poesía, sacudiendo a los pueblos.

Así fue, así sigue siendo.

Por qué tanto afán de poder y de destrucción de todos contra todos a lo largo de los siglos, siento como si la historia del mundo fuera cíclica cambiando únicamente los actores y el escenario.

La locura y la ambición son la estrategia perfecta para dilapidar y oprimir al hombre y sumergirlo amigablemente a las condiciones más espurias y deplorables.
Será la razón locura de unos pocos en detrimento de la “Razón de todos” o será la locura de muchos en detrimento de la cordura de pocos… no lo sé.

Ahora continúo preguntándome acerca de la perfección, cómo llegar, si es posible alcanzarla o al menos tocarla de lejos. Hablo de la perfección como un paraíso, como un oasis dentro de un desierto en el cual no existe el poder, la ira, la crueldad. Donde no existan jerarquías, siendo la Verdad la única fuente de la sabiduría aliada de la inocencia y la felicidad.
Paraíso en el que el amor nunca perece porque allí es el alimento de los hombres, a simple vista “no humanos”.

Posiblemente ésta sea la “Razón del desvarío”… porque sencillamente siempre somos los mismos, el hombre que sí es mortal, aunque lo dude, queriendo acaparar océanos, tierra y cielo creyendo que son de su propiedad.
El y su “razón” van dejando secuelas cada vez mas amargas en un proceso que no tiene culminación, donde el amor y la paz son vocablos carentes de sentido, inocuos.

Entonces ¿dónde queda aquél paraíso, dónde existe…?

Es así que derivo en la Utopía como la llave maestra que nos sirve de guía y nos ayuda a seguir en un camino lleno de escollos, aunque jamás la alcancemos. Por eso sí vale la pena este viaje, también vale la pena intentar, al menos, buscar un oasis en medio del desierto, buscarlo internamente a través de nosotros mismos para finalmente transmitirlo más allá de nuestros límites, dejando atrás el idealismo mágico y la razón instrumental.

Permitiéndonos sentir, contemplar, amar al mundo y a nuestra alma con los ojos del sol.

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