Esta es una historia como tantas otras de dos amantes, dos amantes que juraron dar batalla a su amor en contra de los designios de sus familias enemistadas por antiguas disputas.
Hasta aquí todo parece indicar que éste será un breve relato de la solemne novela “Romeo y Julieta” escrita por Shakespeare allá por el año 1500. Pero no, ésta es aún mucho más antigua, posiblemente éste gran maestro la haya tomado para dar nacimiento y contenido a su célebre obra… aunque lo dicho es sólo la intuición de una humilde lectora que con su tinta intenta llegar a comprender las ambiciones de un Amor incondicional de tiempos pretéritos.
Es así que luego de esta introducción paso a contar la leyenda triste y efímera, pero no menos conmovedora de Tisbe y Píramo.
Tisbe se encontraba entre las doncellas más tiernas y amables del reino de Babilonia amada por Píramo y correspondido su amor. Sólo el cielo podía ser testigo del génesis de tan puro sentimiento, ya que sus familias se encontraban enfrentadas por el odio de antiguas disputas.
No había convencimiento alguno que aquellos pudieran hacer para relevar aquel enfrentamiento y consagrar su amor, lo intentaron aunque todos sus esfuerzos fueron en vano.
Se encontraban atrapados, cercenados por los sentimientos más bellos que el Amor les pudo regalar, sus besos, sus caricias… la entrega absoluta de dos seres unidos y separados por el resentimiento.
Los acontecimientos los arrastraban a una entrega incompleta, indigna de semejante Amor, entonces, en una noche de sueños y vértigo, deciden escuchar al Destino que les aconseja escapar, lejos de la ira y el encono de sus padres, para no sufrir más las sumisiones e independizar la devoción de su mutuo afecto.
Una noche oscura deciden franquear los muros de la ciudad y encontrarse junto a un mausoleo bajo el ramaje tupido de un árbol llamado “Morera”.
Ella se prepara, nerviosa y ansiosa, cubre su rostro con un velo que la protege de sus miedos y sus debilidades. Llega, se sienta al pie del árbol, pero al instante una leona hambrienta se acerca para apagar su sed, el animal llevaba las fauces rojas de la sangre de los bueyes que acababa de devorar.
Tisbe advierte su presencia y huye, pero para su desgracia ,en la carrera, deja caer su velo que la leona halla y lo destroza con sus dientes ensangrentados.
Píramo, próximo al lugar distingue las huellas del animal, descubre el velo ensangrentado de Tisbe y se consume en la desgracia, llora y se persuade que su amante ha muerto.
Ya en el árbol dónde se habían dado cita, desconsolado y envuelto en llanto apretando en un puño el velo de su amada, con su espada se entrega a la muerte.
Entre tanto Tisbe sale de su escondite, se acerca al árbol y allí reconoce a su hombre que yace sin vida y sin pensar la doncella provoca su muerte contra la espada humeante aún….
La “Morera” árbol que fue testigo de su amor y su desgracia se tiño con la sangre de ellos y desde aquel instante brota de él un fruto de color negro purpúreo, de exquisito sabor y textura llamado mora.
FIN.

1 comentario:
Hola nena! lei casi todo, por no decirte toooodo. Ya me habia olvidado de leer poesia. Y me enganché con el relato de la chica que lo espera en el cafe (no me gusta esa mina que acepta algo que sabe que no va a cumplir, me hizo enroscar jaja). Cariños y nos hablamos, Barbi
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