Tú mirada tan necia hoy, cuando fue tan clara y soberana
mientras me amabas.
Tus manos tan ásperas hoy, cuando fueron tan suaves y delicadas
mientras me acariciabas.
Ayer tu voz un concierto para mis oídos, una nota elevada hacía mi alma,
Hoy no la escucho brillante como antes, cuando al amarme susurrabas poemas
con tus sentidos.
Mimetizados nuestros cuerpos que al unísono se perdían
en el universo de una cama... Hoy sólo pronuncio tu nombre.
Ayer, el frío del después helaba mis entrañas,
mientras tus dedos acariciaban el contorno
de mi espalda.
Hoy lloro tu ausencia.
Ayer lágrimas brotaron de mis ojos
cuando tu respiración agitada
me llevaba al éxtasis de la dicha.
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