El aire esta denso. Todo el peso de universo se desploma…
Ya no existen inviernos, ni veranos. Hay una sola estación y es la del infierno.
El mar desahuciado se congela en lágrimas, millones de lágrimas que escupen los Dioses macabros.
Cielo y Tierra se unifican en una masa amorfa, no se distingue el espacio de la forma.
Un cuerpo flota desnudo en medio del Caos, sólo se escucha la música fúnebre del viento huracanado que sopla desde las entrañas más repelentes, atrás lo siguen el Fuego y la Cólera.
La Destrucción se hace presente, lleva consigo el manto de la gloria y la desesperación.
El universo estalla, rompe de impotencia y cada fracción penetra sobre el cuerpo afiebrado que sigue flotando lleno de estupor ante semejante espanto. Pero ya no puede Ver, las primeras esquirlas impactan directo a sus ojos, vaciando las retinas. Ahora sólo queda la Memoria sobre las imágenes concebidas en su mente, pero únicamente van a durar lo que dure su aliento.
La furia desatada de la Destrucción continúa… estalla en sus Oídos, tímpanos y lo someten a la sordera más violenta que hombre alguno pueda conocer: “La sordera de la vida”, pero su memoria no falla, él continúa escuchando en su alma los sonidos de la naturaleza.
Es así como soporta el dolor, es así como se inmuniza frente a frente con la Desesperación. Irrumpen por su boca millones de fragmentos, pierde el Habla, grita, clama, pero ya no hay voz en su cuerpo. Cada fragmento engulle un órgano vital y muy lentamente lo van secando. Se percibe el olor a muerte, a cenizas, éste es su último sentido,el olfato, el único que le queda!
Sin embargo la Memoria hace su último intento por llevarlo a aquellos recuerdos que nutrieron su olfato. El recuerdo del olor de su piel inunda su mente, almendras, miel… ¡Aquél sabor!.
No hay nada en este universo hambriento de muerte, no hay peste alguna que pueda hacer olvidar ese aroma a la bendita Memoria del pasado.
Ahora todo se vuelve oscuridad, silencio, quietud.
Una suave brisa despeja los cielos.
Caos y Tierra se separan, el infierno de la destrucción se disuelve en la nada.
Gracias Dios… ya nació el DÍA.
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