Me atrevo a decir
que tras tu conjuro
puedas hacer brotar de mi,
como el dulzor
de una palabra en tu boca,
la música aledaña
que se esconde
detrás de silenciosas montañas
cuando el viento
agita con sus manos letales
el sofocado aire
que perciben las ninfas
en sus bóvedas celestiales.
Me atrevo a decir
que tus ojos
serán para los míos
un atajo hacía tu alma
donde encontraré la calma
en la armonía de tu conciencia.
Más te haré saber
que tu sueño
será mi vigilia
para poder contemplarte entero
y evitar el sufrimiento
de tu inesperada partida.
Finalmente, te diré
que si osada me quisieras
cerraría mis ojos...
sellaría mis labios...
Te entregaría mis alas.
Si me quisieras cándida,
paloma nívea del alba
Cerraría mis ojos...
Sellaría mis labios...
al conjuro de tus labios,
y te daría mi alma.
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