Regálame una orquídea
que sea frágil y sencilla,
apenas salga el sol.
Que su aroma
me despierte
y mis ojos la descubran
sobre la almohada
cuando ya no estés junto a mi.
La plantaré en tierra húmeda,
en tierra fértil
y me regalaré
un jardín de capullos
en cada primavera.
Amanecer tras amanecer
cuando la luz se filtre
por la ventana
y la habitación
vuelva a ser cálida,
observaré desde allí
mi jardín,
oleré su poderoso aroma
entre inciensos y maderas
y extrañaré tu nombre
y recordaré el origen
de aquel manantial de flores.
Cuando desde las sombras
y entre las sábanas
resignaste una flor
la primera,
la única.
Fue ese tu consuelo,
fue así que te redimiste,
para jamás volver.
1 comentario:
me gustaron muchoooo
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